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Introducción |
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Las
alternativas de mejora |
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Consideraciones
para realizar el mejoramiento |
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Consideraciones
finales |
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Un
caso de mejoramiento: los bajos de la UEDY |
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Bajos
de Río Negro |
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Introducción |
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El clima y el suelo de la mayoría de las zonas ganaderas de nuestro
país determinan que exista una marcada deficiencia de forraje invernal,
que obliga a reducir la carga total del predio y condiciona a un excesivo
desperdicio de forraje en la primavera y en algunos casos también
en el verano.
La subutilización del forraje en las estaciones de mayor crecimiento
ocasiona una gran acumulación de restos secos (de escaso valor alimenticio)
que retrasa la brotación de las especies más productivas
y condiciona su producción futura.
Es muy común ver en bajos de establecimientos ganaderos zonas
subpastoreadas, que determinan una notable reducción del área
del pastoreo y provocan que el animal coma en las zonas más
altas de laderas, sobrepastoreando tapices más cortos y provocando
muchas veces la desaparición de las mejores especies de la pastura.
Por otro lado, si consideramos la alta dependencia del agua de las
especies de mejor valor pastoril (generalmente invernales) para su producción
y persistencia, especialmente en el verano, se evidencia aún más
la gran subutilización que tienen las zonas de bajos en nuestro
país.
Las “secas” de hace un par de años atrás y los últimos
veranos lluviosos, han remarcado la gran importancia del agua en
los procesos productivos de nuestras pasturas y han despertado el interés
de muchos productores por el riego de las mismas.
Sin desmerecer estas nuevas tecnologías, es justo decir que
existen en el país desde hace varias décadas otras alternativas
de menor costo, que permiten utilizar zonas ricas en nutrientes y humedad
y que si bien son marginales para la agricultura, permiten con adecuado
manejo lograr producciones comparables a las mejores praderas cultivadas
del Uruguay.
Las
alternativas de mejora |
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Para aumentar la productividad de
los bajos, trataremos dos alternativas:
• Incorporar especies que
aporten un mejor balance entre cantidad y calidad que las forrajeras presentes,
siendo las leguminosas y algunas gramíneas de alta calidad un buen
ejemplo de ello.
• Brindar las condiciones de manejo
que permitan su permanencia en el tapiz, para no volver a situaciones iguales
o peores a las de partida.
Indudablemente esta incorporación
determina que debamos considerar una serie de etapas para alcanzar el éxito
buscado con estos mejoramientos.
Consideraciones
para realizar el mejoramiento |
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a. Preparación del tapiz
Los objetivos buscados son:
- disminuir la altura y volumen de la biomasa presente y
- reducir la trama que pueda presentar el tapiz a sembrar.
A pesar que es muy difícil brindar recetas de manejo debido a la
gran cantidad de situaciones que se pueden presentar a nivel de campo,
el esquema que se presenta a continuación intenta orientar en cierta
forma el manejo adecuado para algunas situaciones de partida.
La realización de manejos de pastoreos planificados desde la primavera
anterior es suficiente para lograr adecuadas implantaciones, siendo importante
el pasaje de alguna herramienta cuando:
• a principios de otoño el tapiz es tan cerrado que impide el
contacto semilla-suelo o
• cuando las especies a implantar poseen muy escaso crecimiento inicial
• en el caso de que queden muchos restos de maciegas con acumulaciones
importantes de tierra en su interior puede ser necesario pasar una rastra
excéntrica poco trabada.
La quema o el herbicida se hace necesario para controlar altos volúmenes
de forraje que no permiten la llegada de luz a nivel del suelo. El
fuego produce cenizas; el herbicida deja una cantidad de restos secos proporcional
a la cantidad de pasto tratado y puede afectar negativamente el contacto
semilla-suelo y la emergencia de las plántulas.
Las adecuadas divisiones de laderas y bajos, permitirían un manejo
más racional de las pasturas naturales con buenas ganancias de los
animales en las zonas bajas y reducción de la degradación
de las zonas altas.
b. Fecha de siembra
Las principales variables para decidir el momento de siembra son:
• la humedad en el suelo,
• la competencia del tapiz y
• La especie a sembrar.
La falta de humedad en el suelo es de menor efecto al tratarse de zonas
más húmedas que permitirían sembrar temprano en otoño.
Sin embargo, dicha humedad determina que las especies estivales de los
bajos se encuentren muy vigorosas hasta mediados de otoño
y compitan en forma excesiva con las especies sembradas.
Por último, una siembra muy tardía perjudica notablemente
a las especies anuales ya que acortan demasiado su ciclo y retrasan notablemente
el aporte de forraje de las mismas.
Si bien es muy difícil indicar una fecha de siembra ideal,
deberá encontrarse entre mediados de marzo y junio, adelantando
o atrasando la misma según las condiciones mencionadas. |
La fecha de siembra en pajonal quemado es un “compromiso” entre la existencia
de material combustible (restos secos, hojas viejas, quemadas por fríos
o heladas) y la época más adecuada para la siembra de la
especie a introducir.
c. Especie a sembrar.
Su elección se basa en
• el tipo de suelo y/o zona topográfica en la cual se vaya a
realizar la siembra,
• el objetivo perseguido con el mejoramiento y
• el manejo a realizar.
Si consideramos que estas zonas están frecuentemente inundadas,
la/s especie/s deberán resistir períodos de humedad más
o menos prolongados en distintas estaciones del año, o por lo menos
sacar ventajas de ellos. Si bien son muchas las especies posibles de sembrar
dentro de las mejores se encuentran:
Lotus tenuis: Perenne estival, naturalizada en la depresión
del Río Salado (Argentina) y en ciertas regiones del Uruguay. Posee
una elevada adaptación a suelos sumamente húmedos, comportándose
mejor que Lotus corniculatus en estas situaciones. Esta característica,
conjuntamente con sus menores requerimientos de fósforo y su hábito
de crecimiento postrado, lo hace muy recomendable para siembras (con
adecuadas fertilizaciones) en suelos bajos que se manejen con pastoreos
frecuentes e intensos. Su densidad de siembra es de 4-5 kg/há y
es de esperar que se encuentre disponible en el mercado el año próximo
(1999).
Lotus pedunculatus (Maku): Perenne estival, con crecimiento semipostrado,
posee bajos requerimientos de fertilidad y tolera excesos hídricos.
Estas condiciones determinarían un adecuado comportamiento en bajos,
aunque el mismo no ha sido muy utilizado en esos tipos de siembras. Densidad
de siembra entre 3-5 kg/ha, dependiendo la misma de la cantidad de fertilizante
agregado.
Trébol blanco: Perenne invernal, estolonífera,
de escaso desarrollo radicular (principalmente luego del segundo
año) que lo hacen sumamente suceptible a las condiciones estivales.
Esto determina la necesidad de una adecuada resiembra para permanecer en
el tapiz en suelos sobre laderas (con mayores deficiencias hídricas).
Sin embargo, las mejores condiciones de humedad de los bajos le permiten
una adecuada persistencia vegetativa bajo pastoreos medianamente frecuentes
e intensos, siendo en los materiales de hoja grande los que se adaptarían
a esta característica. Si bien posee mayores requerimientos de fósforo,
su excelente calidad, producción y persistencia en las zonas
bajas lo hacen una de las especies más recomendadas. Su densidad
de siembra es de 2-3 kg/ha.
Trébol rojo: Su alto vigor inicial y precocidad lo hacen
altamente recomendable para el mejoramiento de tapices cuando se desea
una alta producción de forraje en un período relativamente
corto de tiempo. Su crecimiento erecto le confiere características
de elevada tolerancia de competencia frente al tapiz natural. Sin embargo
la mayor probabilidad de enfermedades en estas condiciones de humedad y
su marcada bianualidad ha determinado una escasa utilización del
mismo para el mejoramiento en coberturas. Su densidad de siembra
es de 6-8 kg/ha.
d. Manejo durante el primer año
En los bajos, las implantaciones iniciales son mayores que en otras
zonas dadas sus menores restricciones hídricas; sin embargo es aquí
en donde se dan las mayores pérdidas durante la primavera, siendo
la sobrevivencia estival de menor trascendencia relativa.
En la primavera, luego de logrado un número adecuado de plantas
arraigadas, se deben pastorear frecuentemente (30 días) para
reducir la competencia por luz de las especies estivales residentes en
el bajo. Llegado el verano si bien se debe aliviar un poco (40 días),
el período de descanso no debe ser tan largo como para determinar
la formación de maciegas y endurecimiento de las estivales que causen
demasiada competencia y selectividad hacia las sembradas, ni tan frecuente
que provoque un estrés continuado por el rebrote de las especies
introducidas, ya que se encuentran casi siempre fuera de su estación
óptima de crecimiento (Figura 1).
Figura 1. Sobrevivencia estival (%) de Leguminosas sembradas
en cobertura, EEMAC 1993.
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e. Producción y Distribución estacional
La producción de forraje conjuntamente con su distribución
estacional y calidad, son los principales parámetros que nos permiten
comparar diferentes alternativas forrajeras y evaluar la posibilidad
de su adopción.
Los bajos mejorados poseen dos aspectos resaltables frente al resto
de las alternativas pastoriles:
Por un lado una alta producción de forraje a través
de los años, superior a cualquiera de las comúnmente
utilizadas en el país (Figura 2), que determina una gran ventaja
comparativa dada la menor inversión que se debe realizar. Es importante
aclarar que la comparación productiva de los mejoramientos incluye
un año climáticamente adverso como lo fue 1995, mientras
que la producción de la pradera es extraída de datos de tablas
que no incluyen este año desfavorable; es de esperar que si comparáramos
años similares la ventaja sería más grande aún
a favor de los mejoramientos de bajos.
Figura 2. Producción de Forraje anual
de distintas pasturas.
Fuente: Pradera: R. Leborgne, 1983. C. Natural,
C. y B. Mejorado: J.C. Millot y R. A. Zanoniani, 1990-95, inédito. |
Por otro, la introducción de especies de mejor valor pastoril,
los mejores balances hídricos de esta zona y su vegetación
más estival determinan una mejor producción durante
el verano, permitiendo aliviar a las pasturas cultivadas que
reducen notablemente y condicionan su productividad futura en esta época
(Figura 3).
Figura 3. Producción estacional de distintas alternativas
forrajeras.
Fuente: Pradera y Avena: R. Leborgne, 1983. C. Natural,
adaptado A. Bonino, R. Methol y L. Solari, 1980.
Bajo Mej. : J.C. Millot y R. A. Zanoniani, 1990-95, inédito. |
Otro aspecto relevante de estos mejoramientos es la mejor calidad de
la dieta ofrecida al animal, dado su mayor contenido de leguminosas. Esta
mejora en calidad y cantidad debe ser tenida en cuenta al momento de realizar
consideraciones económicas.
f. Persistencia
El manejo del pastoreo es uno de los principales aspectos en determinar
las posibilidades de permanencia de las especies incorporadas al tapiz;
el mismo deberá tener en cuenta las especies introducidas y evitar
la dominancia de las nativas. |
El número de plantas a través de los años es un
buen estimador de la persistencia de un mejoramiento, consecuencia de las
plantas que sobreviven de un año a otro y de las que nacen como
fruto de la resiembra.
Descansos muy prolongados, producen una acumulación excesiva
de forraje, que determina una elevada competencia hacia las especies
sembradas, reduciendo su permanencia y capacidad de resiembra (Figura 4).
Figura 4. Número de plantas de leguminosas en el invierno
del cuarto año según manejo del pastoreo, Bajo EEMAC, 1996
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La utilización de descansos intermedios (40 días)
permite la semillazón de las especies normalmente utilizadas
en estas zonas (T. blanco y L. tenuis) y la instalación
de nuevas plantas en el otoño siguiente ya que también
evita la acumulación de pasto seco.
Es de hacer notar que la resiembra natural juega un papel cada vez más
importante a medida que envejece el mejoramiento, por lo cual su adecuado
manejo es imprescindible si se desea lograr una buena estabilidad productiva
de los mismos.
Debe considerarse también la necesidad de refertilizar anualmente
para favorecer el desarrollo y persistencia a la leguminosa introducida.
g. Costo del mejoramiento
Una de las principales ventajas de cualquier mejoramiento forrajero
en cobertura y más cuando se utilizan leguminosas, es su menor dependencia
del laboreo del suelo o del uso de un herbicida, que determina un notable
ahorro en la inversión a realizar.
Además su adecuada persistencia a través de los años
permite una más larga amortización, reduciendo de esta forma
el costo anual del mejoramiento.
Si tenemos en cuenta que fácilmente podemos lograr tres años
de persistencia (tendríamos que pensar racionalmente en cinco),
el costo anual de la misma sería US$ 41, que incluye los costos
financieros de solicitar un crédito para su realización (interés
10 % anual sobre saldo con plazo de pago de 3 años).
Además, si consideramos que se pueden lograr con buen manejo producciones
del orden de 6500 kg/ha/año MS, el costo de la misma se situaría
en US$ 0,006, lo que la hace la alternativa productiva más económica
del país.
Costo de un mejoramiento en bajos
Preparación de la sementera |
U$S
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0 a 30
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Semilla (2,5 kg/há T. Blanco y 10 kg/há Raigrás |
U$S
|
22
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Fertilizante* |
U$S
|
60
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Siembra y fertilización (centrífuga) |
U$S
|
21
|
Total /há |
U$S
|
103 a133
|
*Incluye una fertilización inicial
de 40 unidades de P2O5 / ha y dos refertilizaciones anuales en otoño
de cada año con similar cantidad, siempre que la frecuencia de especies
así lo determine; en caso contrario se puede reincorporar también
semillas, lo que varía este cálculo. |
Consideraciones
finales |
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• Las mejores condiciones hídricas de los bajos permiten buenos
establecimientos de leguminosas cuando se maneja adecuadamente el pastoreo
presiembra.
• Si bien existen un gran número de especies para ser utilizadas,
el Trébol blanco y el Lotus tenuis han demostrado su mejor
persistencia productiva, con una adecuada complementación con el
tapiz estival normalmente encontrado en esta zona.
• El mejoramiento con fertilización y agregado de leguminosas
incrementa la cantidad y la calidad del forraje de los bajos
• Manejos de pastoreos que impidan la excesiva acumulación de
pasto en primavera-verano son esenciales para mantener un adecuado número
de plantas a través del tiempo, y permiten mejores posibilidades
de lograr pasturas bajas en otoño que son esenciales para posibilitar
la resiembra natural.
• La gran producción y estivalidad de estas zonas ayudan a manejar
más racionalmente las pasturas cultivadas y los tapices naturales
de laderas que se encuentren en el predio, impidiendo su degradación
productiva.
• El mejoramiento con escasa inversión (división y siembra
de estas zonas) permite recuperar productivamente tapices con gran potencial
productivo, normalmente subutilizados por una escasa planificación
forrajera, aprovechando además las ventajas comparativas de estos
ambientes naturales.
Un
caso de mejoramiento: los bajos de la UEDY |
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1972. Disquera liviana.
Siembra en cobertura de Trébol blanco (2 kg/ha) y trébol
frutilla (3 kg/ha).
Fertilización con 300 kg/há de hiperfosfato.
Refertilizaciones cada 2 ó 3 años hasta llegar a 1.000
kg de superfosfato por ha.
1987. Siembra de Holcus y Bromus con zapata previo pastoreo
intenso para controlar el tapiz.
1998. Fertilización con 200 kg/ha de fosfato de amonio
y 20 kg/ha de urea. Comienza un módulo de fertilización para
evaluar calidad y cantidad de forraje y observar el comportamiento de gramíneas
y leguminosas.
Algunas consideraciones de manejo
• Descansos para favorecer la semillazón.
• Rotativa para controlar enmalezamiento y endurecimiento del tapiz.
• Pastoreo en altas cargas con alambrado eléctrico.
• Disponibilidad de bebederos para no depender del agua de cañada
en verano.
• Momento de mayor utilización de forraje: verano (mientras
se alivian las praderas)
• Refertilización según análisis de suelo y stand
de plantas
Bajos
de Río Negro |
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Los “bajos” aptos para un uso ganadero de mayor intensidad, acorde con
lo propuesto en el presente trabajo, ocupan en el Departamento de Río
Negro, aproximadamente 15% de su superficie total.
Posición topográfica, pendientes y materiales geológicos,
determinan diferencias importantes en cuanto a tipos de suelos, limitaciones
de uso, y en definitiva, potencial de los mismos.
A efectos de que el lector pueda tener una versión generalizada
a nivel departamental, se presenta la siguiente regionalización:
1. Planicies Altas y Concavidades
Asociados a nacientes de cañadas con escasos o nulos cauces
de agua y con cierta pendiente.
Gleisoles y Brunosoles de fertilidad muy alta, con suelos alcalinos/sódicos
asociados que aumentan a medida que se pasa a planicies más amplias.
Limitante principal: Alcalinidad, drenaje
2. Planicies Asociadas a Sedimentos Calcáreos
Se encuentran desde suelos aluviales contra los cauces, gleisoles y
planosoles en partes más altas y áreas importantes
de blanqueales
Limitante principal: Inundaciones, drenaje y alcalinidad
Es el caso de las cuencas de los arroyos Negro, Sánchez, Bellaco,
Román Grande
3. Planicies Asociadas a Areniscas
Predominan gleisoles y planosoles de texturas finas, más arenosos
en superficie. Son comunes los depósitos de arena cubriendo otros
suelos. A diferencia de los anteriores es escasa la presencia de suelos
alcalinos.
Es el caso de las cuencas de los arroyos Grande y Averías.
Limitantes principales: Inundaciones y drenajes.
4. Planicies de Basalto
Principalmente vertisoles de montículos (tacuruses) y
brunosoles, arcillosos y muy fértiles, asociados a pedregosidad
o rocosidad y suelos superficiales. Es el caso de las cuencas de
los arroyos Salsipuedes, Tres Arboles y parte del Averías.
Limitantes principales: Inundaciones, meso y microrelieve,
rocosidad y pedregosidad.
5. Planicie de Río Negro
Desarrollada principalmente desde la desembocadura del arroyo Don Esteban
hacia el Río Uruguay. Predominan suelos aluviales, gleisoles, y
arenas o recubrimientos arenosos; asociadas hay áreas de suelos
alcalinos y de bañados.
Limitantes principales: Inundaciones, drenaje y montes.
6. Bañado de Farrapos
No apto para mejoramiento.
Esta cartilla fue realizada
por el Ing. Agr. Ramiro A. Zanoniani (Pasturas, EEMAC,
Facultad de Agronomía).
Agradecemos a los Ings. Agrs. Elbio Berretta (INIA
Tacuarembó) y Fernando Larrambebere, los comentarios realizados
y al Ing. Agr. Jacobo Piñeyrua (MGAP- División de suelos
y aguas) la información de bajos de Río Negro.
Edición y fotografía: UEDY
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